Conocí a un anciano. Me preguntó de qué color podría quedar mejor el traje de luces de un torero que estaba pintando a óleo. Le dije que rojo quedaba mejor. Este anciano acariciaba el lienzo con los diversos pinceles de diversos números, los cuales utilizaba con mesura,incluso parecia que a cada pincelada,le tenia más aprecio a su obra.Yo le observaba ese día de vez en cuando, estaba al lado suya.Y cuando no,me sacaba tema de conversacion yendo a mi sitio y yo al suyo. Es un artista,pensé,no le importa cuánto tarde en terminar el cuadro, de hecho,va lentísimo.
Al final de las clases,cuando se quitaba dificultosamente la bata de pintura(pues está encorvado), me miró y me dijo: Eres la niña de los ojos tristes.Y yole pregunté por qué.''Porque tienes unos ojos muy profundos -me contestó-. Hay mucho detrás de esos ojos. Yo me limité a ponerme roja, a sonreír y esperar que cambiase la mirada intentando no ponerme más roja aún (es característico en mí).
Desde entonces pocas veces le he visto y cuando lo he hecho hemos hablado de algo, la última vez estaba haciendo un cuadro de Gustav Klimt, mi pintor favorito.
Pregunto a mi profesor por él y me dice que está fatal con el párkinson, cree que pintar es lo que le está ayudando a mantener el pulso y asi ralentizar el temblor. Ya no puede ponerse la bata de pintura sin ayuda de mis profesores...
La conclusión de esta entrada sería que no quiero llegar a ser una anciana, pero ese hombre me ha dado ejemplo de hacer lo que me gusta, pintar, igual que él, mientras pueda. Incluso puede ser beneficioso.
Como ya te dije en tu casa, ese dibujo es increible!!
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